sábado, 26 de abril de 2014

Están "faenando" al Instituto Nacional....






Demagogia,
por Alfredo Jocelyn-Holt.


“El secreto del demagogo es aparecer siendo tan tonto como su público para que esa gente se crea a sí misma tan inteligente como él” (Karl Kraus).


               Eliminar la selección en los liceos emblemáticos es demagógico. Presume que hoy día podemos terminar 200 años de historia del Instituto Nacional corrigiéndola de una sola plumada. Como su versión tradicional de excelencia estaría superada por ser demasiado “elitista”, ahora cualquiera va a poder entrar al Instituto sin que, por supuesto, se resienta la calidad del colegio y pudiendo a todos irles estupendamente bien. ¡Qué inteligentes somos en habernos dado cuenta del craso error, qué tontera no haberlo reparado antes, y qué extraordinario el alumnado que tendremos en los próximos años! En fin, ganarán el Instituto y Chile, ya verán.


“No les puedo prometer que ustedes van a salir de la pobreza, porque sería demagogia, pero les prometo que sus hijos van a educarse y podrán convertirse en clase media” (Elisa Carrió).


Nicolás Eyzaguirre piensa un poco como Elisa Carrió de la vecina república peronista. Ambos parecen confundir equidad con igualitarismo. Si tratamos a todos por igual, le damos a cada uno lo suyo, lo que se merece, dan  a entender. Visto así el asunto, el actual Instituto Nacional se queda corto. Puede que ofrezca una excelente educación (según estándares chilenos) para probados estudiantes provenientes de sectores menos pudientes, pero al no ser ésta uniformemente pareja, accesible a todos, se frustra el propósito democrático de garantizarle una educación pública media a la universalidad total de chilenos. ¿Media o mediocre, o incluso peor que mediocre? Porque una vez descartadas las exigencias de entrada, ¿qué impide que se terminen igualando los niveles conforme la nefasta oferta pública media actual? El problema con los promedios es que no aseguran calidad. Ni siquiera nuestros vecinos peronistas han logrado los extremos alcanzados por nuestra demagogia en este punto. El excelente Colegio Nacional de Buenos Aires -laico y público igual que nuestro Instituto Nacional, también longevo- aún no ha visto objetados sus estrictos estándares de admisión.


¿Es que somos más “avanzados”? Ni tanto, nos tranquiliza Eyzaguirre. No nos volvamos histéricos antes de tiempo, la medida será gradual y “programática” (de a poquito duele menos). En unos años más, después de Bachelet y este Gobierno, ahí verán lo que es bueno.


Habrá que verlo. El tema me preocupa como profesor universitario. Cada año en mis cursos tengo un contingente decente de ex alumnos del Instituto. Quizá lo seguiré teniendo, quizá no. Quizá se impondrá la “Ley de hierro de la oligarquía” de Michels que sostiene que por muy democrática que sea una organización, igual se termina creando una minoría aristocrática o meritocrática. En efecto, a mí me llegan alumnos malos y yo les hago clases sólo a los pocos que se destacan; quizá ocurrirá otro tanto en el Instituto. En ese caso la medida de Eyzaguirre resultará demagogia pura, otro zigzagueo suyo en que ofrece algo que suena tirado para la punta para que después todo quede igual. Eso sí que, para ese entonces, al Instituto Nacional como institución de excelencia ya se la habrán faenado entre Teatinos y Moneda a plena luz del sol.

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