sábado, 22 de septiembre de 2012

Temas para meditar este fin de semana...


Luego de cita con el Presidente Piñera,
Enrique Peña Nieto aseguró que su
Gobierno tomará como ejemplo al
‘’exitoso’’ modelo chileno para aumentar
el bienestar de los más vulnerables.

Freirina en pie de guerra contra la
posibilidad que la planta de  Agrosuper,
anuncian  protestas en defensa de su
derecho a vivir en  un ambiente limpio.

Los Ministros Beyer, de Educación,
Errázuriz, de Transportes, Pérez, de
Vivienda, y Benítez, de Medio
Ambiente, participaron ayer en
cicletada por la Alameda, por día
Mundial sin Automóvil.

La ONU calificó de malintencionadas
y provocativas las caricaturas de
Mahoma, a la vez que urgió a los
líderes religiosos a restaurar la
calma en el mundo árabe.

Tribunal australiano ordena a Lehman
Brothers pagar compensación por daños,
se trata  de la primera condena en el
mundo sobre el comportamiento de
un banco de inversión.

Jefe del FMI, Christine Lagarde, instó
a Europa a actuar para superar la
crisis, a la vez que sostuvo que
Estados Unidos y Japón también
deberían poner en marcha sus
planes Fiscales.

Argentina puso en circulación billete con
imagen de Evita Perón, el anterior muestra
la imagen de Julio Argentino Roca, dos veces
Presidente argentino en el siglo XIX.

Caricaturas sobre Mahoma de revista francesa
aumentan las protestas provocadas por la
película ‘’La inocencia de los musulmanes’’,
ya hay decenas de victimas fatales.









Chile, sociedad vagabunda sin madre,
 por Sergio Melnick.


El big bang es, simbólicamente, la idea del «desde adentro hacia afuera». Nacemos desde el interior de nuestras madres, y ellas simbólicamente representan nuestro origen. Al principio, para el recién nacido, no hay separación con la madre: son una sola cosa. La separación se produce después, cuando aparece el Yo, de la misma manera en que la consciencia se separa alguna vez de lo inconsciente. La madre es entonces, simbólicamente, la conexión con la divinidad, la unicidad o la totalidad, según acomode a las creencias de cada cual. Ahí están algunas de las claves más importantes de nuestro sentido vital. Lo paternal, en cambio, tiene más que ver con las relaciones con la sociedad, con las maneras racionales de trabajar en forma concreta en el sentido, con las herramientas que vamos a usar en la vida externa. El esperma masculino, simbólicamente, va a buscar al óvulo para que el ser pueda nacer y “salir” al mundo. Y cuando las relaciones con la madre son enredadas, hablamos de un complejo, una maraña difícil de ordenar. A veces, éstos se transforman en patologías.



Esta lógica se puede trabajar también en el caso más amplio de la sociedad. Y, así, Chile presenta, a mi juicio, una patología muy seria de sentido vital. Podemos decir que hay un problema con la madre simbólica del país. ¿De dónde venimos, a dónde vamos? Ese es el eje indefinido de nuestra historia. A veces queremos ser capitalistas, otras socialistas, otras humanistas; a veces, más creyentes, otras más emprendedores, otras liberales. A veces, somos patriarcales; a veces, matriarcales.



Lo materno también tiene que ver con nuestro sentido de unidad, que ciertamente no tenemos; sólo nos aparece en las emergencias. Después se olvida y seguimos con el déficit atencional social característico. En los últimos 50 años pasamos del liberalismo de Alessandri a la “revolución en libertad” cooperativista de la DC; luego, a la “revolución de empanadas y vino tinto” para alcanzar el socialismo y la dictadura del proletariado; después, al liberalismo, a la socialdemocracia y al Estado de Bienestar. ¿De qué se trata de todo esto? Se trata, a mi juicio, de un enorme complejo maternal colectivo. Simplemente no sabemos ni quiénes somos y de dónde venimos, ni qué queremos ser en términos sociales. En esos procesos de indefinición, son comunes las regresiones y el tratar de volver a la madre, a nuestro origen y sentido. Pero Chile no tiene, simbólicamente, una madre conocida.



El inconsciente social, entonces, proyectó esto en forma natural en Bachelet, por ser la primera mujer Presidente, y rechaza de igual manera lo patriarcal, el orden, el éxito, el esfuerzo, la estructura: todo lo que representa Piñera. Los chilenos medios queremos que el Estado maternal nos resuelva nuestros problemas personales, que nos diga qué hacer y dónde ir, y si lo hace, curiosamente, nos rebelamos. Los padres no pueden controlar el alcohol de los hijos y piden una ley que lo regule. No saben qué hacer con la educación y esperan que el Estado lo resuelva. Ese es el simbolismo inconsciente que representa Bachelet. Pero, claro, ella no es nada de eso en la realidad: es sólo una proyección, lo que creemos que es o, más aún, lo que nos gustaría que fuera. No tiene ideas de futuro, o al menos no se le conocen, ni mucho menos capacidad de gestionarlas, como ocurrió en su Gobierno. Pero ella representa esas emociones maternas, siempre un poco numinosas. Personajes como Piñera y Lagos representan lo patriarcal, la disciplina, la racionalidad, el trabajo duro, la responsabilidad que necesariamente va asociada a la libertad. Pero, de eso, el país parece que se ha cansado. Bachelet y la Concertación sólo hablan de derechos, nunca de responsabilidades: el camino de la perdición de una sociedad.



Por todo ello, ése es, a mi juicio, el desafío más importante de las Presidenciales de 2013. Dado que los chilenos somos los campeones de eludir nuestras propias responsabilidades, ganará quien logre proyectar una idea de sentido colectivo común que sea acogida. Ese es el «yes we can» de Obama. Eso es lo que hace Chávez o lo que hace Cristina con el populismo a todo trance. El problema es que ésas son visiones atractivas, afectivas, pero más bien irreales, porque van contra la naturaleza humana, y que terminan o destruyendo las sociedades o en dictaduras. Nada de eso queremos para nuestro país.



Necesitamos un balance, y eso impone una dosis mínima de racionalidad. En ese sentido, Golborne es una opción de gran equilibrio.



Chile en Chile Day,
por David Gallagher.



No había estado antes en un Chile Day . Consiste en un valioso esfuerzo de venta del país que hace el sector privado una vez al año a través de Inbest, una asociación de los principales actores del mercado de capitales. Se invita a inversionistas extranjeros a oír de Chile en algún centro financiero internacional. Hasta 2010 era Nueva York, pero por segundo año consecutivo ha sido Londres.



Yo participaba con Lucía Santa Cruz e Ignacio Briones en el panel con el que se inauguraba Chile Day . Moderado por Michael Reid, el editor del Economist para América Latina que escribió un largo y contencioso artículo sobre Chile hace algunos meses, el panel tenía como título "El camino de Chile al progreso" y como subtítulo "Nada me satisface"; en inglés, " I can't get no satisfaction ", la frase de la emblemática canción de los Rolling Stones de 1965, en que el vocalista se lamenta de que nada lo satisface, a pesar de todo lo que tiene y todo el esfuerzo que hace. Del subtítulo se desprendía que Reid nos iba a preguntar sobre la insatisfacción que parece haber en el Chile de hoy, y sobre los efectos que pueda tener en el modelo y en la estabilidad del país.



El mero hecho de que comenzáramos con un panel que reflexionara con franqueza sobre este tipo de tema impresionó al público británico. Un país que para venderse parte la jornada así, claramente tiene confianza en sí mismo, y es a la vez confiable. Creo que los inversionistas concluyeron que, a pesar de los disturbios callejeros que habían visto tan a menudo en la BBC, Chile es, después de todo, un país estable, uno en que el modelo prospera, aun cuando, legítimamente, la gente lo discuta y busque cómo mejorarlo, siendo que los ciudadanos chilenos ya no son los sumisos seguidores de las élites que eran antes: se han vuelto contestatarios y críticos.



Reid me preguntó al final si había un riesgo de que Chile algún día siguiera el camino de Argentina y cayera en manos de un populista. Yo le contesté que la lucha por que haya buenos Gobiernos nunca se puede dar por ganada en ningún país. Pero que yo creía que el riesgo era bajo, justamente porque la gente se ha vuelto tan crítica: ya no somos un país en que se pueda vender pomadas. Dije que algunos analistas se asustaban cuando en los sondeos, una inmensa mayoría de encuestados contestaba "Ninguno" ante la pregunta de si eran de izquierda, centro o derecha, o de la Alianza o la Concertación. Algunos analistas veían allí un vacío peligroso, uno que un populista podría llenar. Pero yo más bien veía en los Ningunos la sana resistencia que ha adquirido la gente a ser encasillada en las categorías de las élites, y por eso mismo sentía que serían los primeros en resistirse al populismo.



Es lo que contesté, pero después tuve algunas dudas. Los chilenos hemos sido moderados siempre, me dije, pero eso no ha impedido que las élites nos hayan llevado a ser Gobernados a veces por extremistas. Los votantes finalmente están obligados a elegir entre las alternativas que les proponen. Por otro lado, los países ricos en commodities corren riesgos adicionales. Cuando los precios están altos, como en Argentina en 1943, puede llegar un Perón al poder con el argumento de que el país está "forrado", y de que en vez de crear riqueza, hay que repartirla. Cuando los precios están bajos, como en Venezuela en 1998, un Chávez puede aprovechar la frustración que se da.



Felizmente estamos todavía a años luz de Argentina y Venezuela, y eso lo sintieron los inversionistas en Londres, en un Chile Day impecablemente organizado por Inbest, con la valiosa ayuda del Ministro de Hacienda y su gente. Pero, como lo percibía un personaje de Vargas Llosa, los países pueden empezar a joderse cuando casi nadie se da cuenta.



Más espacio para la libre competencia.



El fallo que condenó a dos farmacias por colusión -con la máxima multa hasta la fecha, de 20 millones de dólares cada una- demuestra que nuestra institucionalidad de defensa de la libre competencia funciona bien, aunque, desde luego, puede perfeccionarse. Una comisión designada por el Gobierno ha hecho propuestas en relación con el tratamiento de las fusiones y la posibilidad de una sanción penal en casos de colusión. Pero el de las farmacias, iniciado tres años atrás y llevado adelante con gran profesionalismo por la Fiscalía Nacional Económica durante dos Gobiernos diferentes, es ejemplarizadora señal de que en Chile impera y se protege la libre competencia.



Ésta es un ingrediente esencial de una estrategia que impulse el emprendimiento y la productividad. El reciente informe global de competitividad, que elabora el Foro Económico Mundial, nos califica con un mediocre 5,3 (de 1 a 7), en cuanto a "intensidad de competencia local", y con tan sólo un deficiente 3,2 en cuanto a concentración de mercados.



La fiscalización de las conductas anticompetitivas es una pieza clave en la defensa de la libre competencia, pero tanto o más importante es la permanente vigilancia de la legislación, los reglamentos y la práctica regulatoria. Es frecuente que, con la mejor de las intenciones, normas o actos administrativos limiten la libre competencia, erigiendo barreras a la entrada de nuevos competidores a actividades o industrias. El Gobierno debería mantenerse muy alerta al respecto y trabajar incansablemente en remover los obstáculos existentes y dar cuenta pública de sus esfuerzos, incluyendo los que han resultado infructuosos por intervención de intereses creados.



Abundan ejemplos de significativas barreras de entrada. Las insalvables dificultades que han enfrentado los nuevos proyectos de generación eléctrica en su aprobación ambiental han implicado en la práctica excluir a nuevos operadores y consolidar el poder de mercado de los tres principales actores de la industria. Cuando la falta de lluvias o el alza de la demanda provoquen gran escasez, su poder de mercado se traducirá en altísimas tarifas y rentas. La industria bancaria y la intermediación financiera están resguardadas por prudentes normas que protegen la confianza en el sistema, pero una interpretación demasiado estricta de ese principio ha llevado a la autoridad a cerrar el ingreso de nuevos actores al mercado del crédito y medios de pago, condenando a personas naturales y pymes a pagar precios excesivos por los servicios financieros.



En un país extendido y lejano de los centros de consumo mundial -exportador, además, de productos alimentarios-, la logística cumple un rol fundamental en la cadena de valor. Las barreras a la entrada existentes en el transporte marítimo y aéreo, así como en la burocracia en las aduanas, elevan costos y perjudican la competitividad. El mercado de los remedios -objeto de la colusión comentada- está altamente concentrado, presenta elementos de integración vertical con laboratorios, y sus escasos competidores gozan de la prohibición legal -carente de toda justificación sanitaria- que afecta a otros locales comerciales para la venta de los remedios que no exigen prescripción médica, algo muy común en el extranjero. La creación de nuevas empresas suele ser un eficaz aguijón competitivo. Aunque la Ley N° 20.494 ha sido eficaz en rebajar los costos y propiciar la llegada de nuevos competidores, hasta ahora no ha sido posible doblegar la presión de notarios y conservadores contra un proyecto que facilita la constitución de sociedades, ofreciendo, opcionalmente, la vía más barata y expedita de hacerlo por internet.



Estas y otras materias están incluidas en la Agenda de Impulso Competitivo que hace más de un año promueve el Gobierno. Aunque algunas de sus propuestas ya están en aplicación, los proyectos de ley para levantar barreras anticompetitivas, si bien ya ingresados al Congreso, no muestran avance. El Ejecutivo debería dar a estas iniciativas la alta prioridad que merecen.



Las razones de Escalona.


La batalla que desde hace meses viene librándose en la Concertación por definir las influencias y contenidos de la opción Bachelet tuvo esta semana un nuevo hito. Resulta difícil exagerar la trascendencia del enfrentamiento que protagonizan el Partido Comunista y el Presidente del Senado, Camilo Escalona. Gatillada por el rechazo de este último a la idea de una asamblea constituyente, los alcances de la controversia van, sin embargo, más allá de un tema puntual. En su objetivo de construir bases que aseguren Gobernabilidad a una eventual administración de Michelle Bachelet, Escalona aparece acá intentando fijarle límites no sólo al PC, sino a todos quienes buscan transformar la posible candidatura de la ex Mandatario en el vehículo para un programa de cambios radicales, muy distinto de los anteriores Gobiernos de la Concertación.



Definida por él mismo como una “diferencia estratégica”, la crítica del Presidente del Senado hacia esos sectores, profundizada en un artículo difundido en la web de la Cámara Alta, apunta en varios planos y es clarificadora de los debates que cruzan a la oposición.



Una izquierda posible. Acorde con su trayectoria y con su rol de histórico líder socialista, Escalona cuestiona al PC desde la izquierda y entrando al recurrente debate sobre el sentido y alcances de esta opción política. De hecho, su propósito explícito es impedir que las demandas por una asamblea constituyente queden definidas como «política de izquierda». El Senador advierte el carácter extra institucional de tales planteamientos, en cuanto se formulan como manera de eludir los quorums que hoy impone la Constitución y la consiguiente necesidad de mayorías amplias para hacer cambios en las reglas del juego. Aclara que él mismo respalda dichos cambios, pero sostiene que sólo tiene sentido impulsarlos desde dentro de la institucionalidad y construyendo esas mayorías, en lugar de pretender obviar el reto. Otras vías, sostiene, no lograrán los apoyos para hacerlos sustentables y terminarán conspirando contra su propia viabilidad. En su argumentación, Escalona acude a ejemplos históricos para afirmar —desde su particular visión— que las soluciones «extra-constitucionales» serían patrimonio de la derecha y que “desde la izquierda no se puede hacer lo mismo”, so riesgo de frustrar los objetivos que se pretende alcanzar. De modo sugerente, recurre a un término particularmente significativo en los debates de su sector, «voluntarismo», tradicional anatema contra quienes pretenden llevar a cabo la revolución sin existir las condiciones objetivas para ello.



El gato y los ratones. El Presidente del Senado también recuerda otro caso histórico, esta vez extranjero: la famosa frase de Deng Xiao Ping justificando las transformaciones impulsadas en China bajo el argumento de que “no importa el color del gato, sino que cace ratones”. Según Escalona, la izquierda correría hoy precisamente el riesgo de dividirse en una discusión sobre “cómo es el gato”, olvidándose de “cazar los ratones” y dejando así el espacio para que la derecha continúe en el poder: pragmatismo puro, citando al más pragmático de los líderes comunistas. Para reafirmar su punto, hace notar que “por algo la derecha le quiere colgar el tema de la «constituyente» al liderazgo de Bachelet”, pues tal planteamiento, en lugar de ayudar a construir mayorías, conduciría a “alejarnos y separarnos de millones de personas”.



El fantasma de la UP. En sus declaraciones, Escalona ha recordado también la opción del PC en los 80, cuando, a diferencia del resto de la oposición a Pinochet, apostó por una sublevación popular que nunca ocurrió. Para el Presidente del Senado, igual lógica hay ahora tras la fórmula de una asamblea constituyente en respuesta a las demandas sociales: la idea de la salida extra institucional. Ambas situaciones, sin embargo, las contrasta con la actitud del mismo PC en otro momento histórico, cuando —frente a una parte del PS seducido por el ultrismo— los comunistas apoyaron a Salvador Allende y la idea de la “vía chilena” al socialismo, actuando como factor moderador dentro de la UP. El ejemplo no es fortuito. Escalona ha reconocido públicamente que el trauma del golpe militar y la caída de Allende lo han marcado, criticando con dureza a quienes —como Carlos Altamirano o el MIR— propiciaron en su momento un extremismo que desestabilizó al país. De alguna forma, su trayectoria política posterior ha apuntado a espantar aquellos fantasmas, jugándose por opciones de izquierda que privilegien la Gobernabilidad y el reformismo. Cuando sectores importantes de la oposición se tientan nuevamente con radicalizar sus posturas, los recordatorios de Escalona adquieren así el tono de una severa advertencia.



Las reacciones a esta polémica confirman las líneas divisorias que hoy marcan a la oposición, con los Presidentes radical y PPD apoyando al PC, su actual aliado electoral. Al otro lado, junto a cautas declaraciones de la mesa socialista y desconcierto entre los «barones» de la colectividad, figuras de la DC y del laguismo PPD aparecen más cercanas a la postura del Senador PS. En cualquier caso, en ese ordenamiento frente al tema, resulta profundamente revelador que sea el Presidente de la Cámara Alta quien lleve la voz cantante para denunciar —y rechazar— la “pretensión” PC de que “se haga su palabra”. Ello, en contraste con el papel relativamente secundario asumido hasta ahora por la directiva democratacristiana, partido al que se supondría contrapeso natural del comunismo, pero cuyo timonel ya acogió en su momento la idea de la asamblea constituyente.



Asambleas constituyentes.


Sorprende la insistencia de amplios sectores de la oposición en el reemplazo de la actual Carta Fundamental por otra generada mediante una asamblea constituyente. La razón que se da para justificar ese paso radica en la supuesta "ilegitimidad" de aquélla, no obstante que a partir de 1989, durante todos los Gobiernos de la Concertación y también en el curso del actual, la Constitución de 1980 fue objeto de 16 reformas, dos de las cuales, la de 1989 y la de 2005, constaron de 54 y de 58 enmiendas, respectivamente. En total, 242 artículos de la Carta han recibido modificaciones.



Muchas de ellas, es cierto, fueron mal concebidas, otras produjeron efectos no deseados y algunas, incluso, incorporaron elementos anómalos en un régimen Presidencial, como las interpelaciones, que tienen un alcance muy preciso en un régimen Parlamentario, pero que son estériles en el nuestro -como se ha observado en las ya realizadas-. Todas esas deficiencias, imputables a la competencia técnica de los Legisladores y a su desconocimiento de la historia política chilena, son, sin duda, posibles de solucionar. Pero ni la suma de ellas ni las objeciones que puedan recibir los restantes artículos de la Carta la hacen ilegítima.



Lo que está detrás de esto, como se ha repetido en otras oportunidades, es que la Constitución de 1980 nació durante el Gobierno Militar iniciado en 1973, y sus múltiples reformas no han bastado para hacerle perdonar ese pecado original. Una vez más se advierte en los críticos su notoria ignorancia acerca de la historia Constitucional del país. En efecto, la Constitución de 1925 no fue impecable en sus orígenes, y tampoco lo fueron las de 1833 y 1828. En verdad, el problema debe mirarse desde otro punto de vista: constituciones de discutible origen y deficientes técnicamente han demostrado cumplir muy adecuadamente su papel de diseñadoras de marcos institucionales relativamente adecuados, en tanto otras, modelos en su origen y en su elaboración técnica, no fueron capaces de proteger los derechos más esenciales de las personas. No está de más recordar que Hitler llegó al poder -y al poder absoluto- bajo la gran Constitución de Weimar.



Pero hay otra cuestión, y muy seria, vinculada al propósito de darle al país una nueva Constitución. Y ella es fácil de plantear: ¿para qué? ¿Podrá, en efecto, ser una nueva Carta muy diferente de la actual o de la de 1925, ambas muy parecidas, por lo demás? Se ha subrayado ya que es muy poco lo que cabe hacer en cuanto a intentar transformaciones institucionales profundas, dado de que Chile está inserto, en virtud de numerosos tratados internacionales, en la nómina de países constituidos en democracias representativas.



¿Cuál es, pues, la razón de esta insistencia en un proyecto cuya ejecución sus mismos propugnadores estiman difícil de llevar a cabo? Es probable que con semejante proposición se aspire a atraer a una juventud cada vez más esquiva hacia los partidos políticos y más afín a los grupos antisistémicos. Pero también es posible, y así parecen insinuarlo algunos integrantes de la oposición, que se apunte indirectamente a un objetivo que en apariencia es de más fácil obtención, y por el cual también se ha pugnado durante largos años: introducir de manera amplia y general el plebiscito en nuestro ordenamiento. Este elemento, que permitiría expresarse al pueblo sin intermediarios, útil para conocer el pensamiento de pequeñas comunidades, es una herramienta absolutamente opuesta a la democracia representativa y ha demostrado ser de enorme eficacia para establecer, bajo el paraguas democrático, regímenes crudamente autocráticos.


¿Es Estados Unidos un imperio en decadencia?
por Mark Urban, BBC.


El argumento actual sobre el papel de Estados Unidos en el mundo es extraño.



Mitt Romney, el candidato republicano a la Presidencia, dice que su país ha abandonado el liderazgo global y está quedándose relegado, pero no cree realmente que el país esté en un declive a largo plazo.



Por el contrario, el Presidente Barack Obama, insiste que su país "está de regreso", pero parece tener dudas en privado sobre ello.



Estos dos hombres se han visto forzados, al menos en parte, a tomar estas posiciones por el debate Presidencial.



El argumento de Romney es en esencia que Obama es un indeciso que ha otorgado poder innecesariamente a países como Rusia, China e Irán, y que está en peligro de enviar al país irremediablemente cuesta abajo.



El equipo del candidato republicano tiene que creer que su líder puede revertir esta tendencia, mientras Obama tiene que insistir en que no ha habido pérdida de poder o influencia.



Más allá de las contorsiones políticas que se esperan de ambos candidatos, lo cierto es que el debate se alimenta de actitudes políticas subyacentes.



Las encuestas sugieren que cuando se les pregunta si su país está "en declive", entre el 60% y el 70% de los estadounidenses dice que sí.



En los últimos años, cientos de miles de libros han sido vendidos en Estados Unidos con un mensaje similar, lo que llevó a un crítico a comentar que "el declive tiene la misma fascinación para los historiadores que el amor para los poetas líricos".



Balance militar
Las condiciones de este debate deben redefinirse. Por ejemplo, ¿se refiere el tema a la pérdida absoluta de poder por parte de Estados Unidos o a un incremento relativo en la proporción de la torta mundial que consumen otros?



En esencia, este argumento debate si China se ha convertido en el país más dinámico y exitoso y si superará a Estados Unidos.



De acuerdo con algunas estadísticas, el debate puede resolverse rápidamente: China se lleva la victoria en cuanto a la población y Estados Unidos alza el trofeo cuando se trata del número de portaaviones.



Casi todo el mundo está de acuerdo en que los estadounidenses todavía son preponderantes a nivel militar, aunque algunos expertos han mostrado su preocupación por las consecuencias a largo plazo del aumento en el presupuesto de defensa de China mientras cae el presupuesto del Pentágono.




Sin embargo, es claro que tras las altamente costosas guerras en Irak y Afganistán, la Casa Blanca está convencida de no utilizar los instrumentos militares.



De hecho, el Presidente Obama ha reenfocado la atención y los recursos de su país a la economía, y argumentó en junio que "hemos gastado un billón de dólares en la guerra... ahora debemos invertir en el recurso más grande de Estados Unidos, nuestra gente...es hora de enfocarnos en construir la nación acá, en casa".



Esto ha condicionado la actitud de Obama en relación con eventos en Siria y -algunos lo susurran en la Casa Blanca- también evolucionó hasta convencerlo totalmente de no ir a una guerra con Irán.



Introspección nacional
Pero entonces, si el país decide no utilizar el aspecto militar, ¿cuáles instrumentos de influencia le quedan?



Estados Unidos sigue siendo un poder creativo, desde Hollywood hasta Apple. Los estadounidenses todavía siguen confiados en su habilidad para innovar y conseguir una salida a la recesión, incluso a pesar de haber sido sacudidos por el fenómeno conocido como "recuperación sin empleo".



Quienes rechazan la propuesta de que Estados Unidos está en declive, como el historiador Robert Kagan, creen que la situación actual se parece a otros periodos de introspección nacional.



En las décadas de 1920 o 1970, por ejemplo, una combinación de dificultades económicas y costosas guerras extranjeras produjo aislamiento o una confianza nacional vacilante.



"Si usted está buscando un superpoder neurótico, entonces Estados Unidos es el que busca", me dijo Kagan.



Los argumentos de Kagan sobre la naturaleza cíclica de la actual situación y sobre el hecho de que no se trata de un declive para Estados Unidos han sido citados por ambos candidatos a la Presidencia.



El analista también señaló que la proporción relativa de la economía global con que cuentan China, India o Brasil se ha incrementado de manera muy lenta.



Sin embargo, sí hay algunos elementos de la situación actual que son nuevos. Nadie está seguro de cómo puede afectar a largo plazo la deuda nacional, que está en US$6 billones y creciendo.



Los expertos más optimistas señalan que sólo un sexto está en manos de los gobiernos extranjeros, y los más alarmistas aseguran que el gasto del gobierno de Estados Unidos ahora depende en pedir dinero prestado de China.



La apuesta china
En los corredores del poder en Washington, la élite de la política exterior está nerviosa por la posibilidad de un atasco presupuestario continuo, en particular si Obama resulta reelegido -como muchos consideran probable- pero debe negociar con una Cámara de Representantes controlada por el Partido Republicano.



Cuando hablé la semana pasada con Strobe Talbot, el director del centro de pensamiento Brookings Institution, me advirtió que "nuestras políticas disfuncionales en Washington no pueden ayudar".



Mientras muchos aseguran que no se debe temer la posibilidad de que China participe en un rescate a Estados Unidos, porque incrementaría la participación de ese país en la recuperación estadounidense, también es claro que el público en ambos países se siente incómodo con esta interdependencia.



La campaña de Romney ha estado respondiendo a estos temores, al insistir en que una de sus primeras decisiones al asumir el cargo sería declarar culpable a China de prácticas comerciales injustas.



Los países ya están tan conectados que esa posibilidad incomoda a muchos.



Richard Armitage, el Subsecretario de Estado bajo la Presidencia de George W. Bush, dijo que "tener de entrada una mala relación con China no es una manera esperanzadora de tratar de proteger nuestros intereses".



Armitage también calificó de "incomprensible" la descripción de Romney -el candidato de su propio partido- sobre Rusia, país que considera la principal amenaza para la seguridad estadounidense.



Mientras Romney ha generado controversia recientemente por sus errores, es justo decir que cuando se refiere a China, Obama ha estado enfocando o ajustando sus políticas sobre relaciones comerciales con ese país para acercarlas a las que defienden sus críticos.



Esta semana sugirió que puede introducir nuevos aranceles a las importaciones automotrices de China y ya ha subido silenciosamente los impuestos a otros productos manufacturados.



Comparaciones con Reino Unido
Todos los historiadores involucrados en el debate sobre el declive están de acuerdo en que la época del Imperio Estadounidense no puede seguir por siempre. Después de todo, los grandes poderes surgen y caen.



Muchos intentan establecer dónde creen que Estados Unidos se encuentra ahora en términos del pasado imperial británico.



Los más pesimistas tienden a ver analogías con la primera parte del siglo XX, después de la guerra de los Boer y antes del cataclismo de 1914.



Es claro que hay similitudes entre el debate británico sobre el declive durante ese periodo y la actual introspección estadounidense.



Incluso si uno acepta esa visión, fue sólo hasta la década de 1940 y la Segunda Guerra Mundial que Estados Unidos pudo eclipsar a Reino Unido como el poder militar más grande del mundo.



Los optimistas se refieren incluso a épocas anteriores. Cuando le pregunté a Kagan dónde ubicaría a Estados Unidos en términos británicos, respondió con un brillo en el ojo "oh, alrededor de 1840", antes de aceptar que China puede sobrepasar a Estados Unidos durante la vida de alguien que sea hoy un niño pequeño.



Kagan se mostró preocupado por el fracaso para controlar el déficit presupuestario y la posible aceleración de este proceso. Dice que si los billones continúan subiendo, simplemente atender la deuda desplazará tipos más productivos de gasto, lo que crearía un espiral nacional descendente.



Tal vez el momento del declive británico que los políticos estadounidenses deberían estar mirando es 1956. Durante la crisis causada por la invasión anglo-francesa de Egipto, Estados Unidos detuvo el choque al amenazar con cerrarle el grifo a la economía británica.



Esto marcó el final de la habilidad británica de actuar como un poder global independiente, y fue la deuda del país con Estados Unidos la causante.



Nadie cree que China pueda crear un "momento Suez" próximamente. Y, por supuesto, es esa impresión de que la hora de la verdad entre los dos rivales imperiales está en algún punto del futuro la que les permite a los candidatos a la presidencia evitar una discusión demasiado explícita del declive estadounidense.



Pero el impulso de evitar debates explícitos sobre el manejo de un imperio cuesta abajo puede simplemente estar acercando ese día temido.


Nota de la Redacción:



Esta es una edición de emergencia, nos encontramos descansando den un lugar con escasa señal inalámbrica para nuestros computadores, lo que nos ha impedido subir algunos ejemplares de nuestro informativo, obligándonos en otros casos a seleccionar materiales para provocar la meditación de nuestros amigos y amigas.



La situación descrita se mantendrá por algunos días, por lo que intentaremos en remplazo de nuestro noticiario habitual dejarles con el mejor material que encontremos disponible, lo que en algunos casos inclusive no será posible por la imposibilidad de subir el material por falta de conexión a la red.



Por las molestias que pudiésemos haber causado a nuestros amigos y amigas, que tan fielmente nos han acompañado en los últimos años, les expresamos nuestros sentimientos de pesar y congoja, a la vez que les manifestamos que seguiremos defendiendo nuestras verdades y nuestra visión informativa.

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